Hacía muchos años que no escribía un blog sobre un viaje,
quizás desde Momentos que se cruzan, mi primer blog que ya no existe.
He decidido compartir un poco sobre mi viaje a Lalibella,
espero que sirva como guía de un lugar que creo que merece la pena visitar.
English Version
Un, dos, tres, y besan el suelo
Uno, dos, tres, y besan las paredes
Uno, dos, tres, y besan la cruz
Necesito parar y contemplar: no entiendo el lenguaje, no entiendo algunos símbolos.
Por los rituales religiosos tengo mucho respeto, me parecen tan íntimos que a menudo ni siquiera me atrevo a cuestionar por qué la gente hace lo que hace. Lo que para ti es sagrado, ¡sagrado es!
Por eso este viaje a Lalibella -en el norte de Etiopía- ha sido una muestra de ternura y conexión profunda.
Me permití viajar con la única excusa de disfrutar del paisaje arquitectónico que ofrecen las iglesias monolíticas (formadas por un único gran bloque de piedra) de los siglos XII y XIII.
Las iglesias, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1978, son importantes para los cristianos como lugares de peregrinación y devoción.
Un día un rey quiso crear su versión de Jerusalén ¿para qué la ficción si la realidad de este mundo es más asombrosa que la imaginación?
Él lo permitió: tenía el poder, lo utilizó y dio vida a un conjunto de iglesias cristianas ortodoxas, de piedra y bajo el nivel del suelo, una maravilla arquitectonica.
Me llaman mucho la atención estos lugares, los que parecen una cosa pero son otra. Los que no son fáciles de encasillar y los que contemplan las historias más bellas y más terroríficas de la humanidad.
No es posible despojarse de lo que uno es mientras viaja y por eso algunas preguntas empezaron a retumbar en mi cabeza al principio del viaje: ¿por qué quieren tener su propia versión de Jerusalén, cuando su historia se remonta a años antes de que esa versión fuera creada por Dios? ¿Por qué anhelan una versión tan blanca de Jesús? ¿Por qué no me dejan entrar en ciertas zonas de las iglesias cuando ya he pagado la entrada? ¿Cómo puede conservarse durante tantos años una visión tan radical de la religión? Medité y me obligué a disfrutar de lo que veía, me obligué a no cuestionar lo que para ellos es sagrado y, en cambio, a observar y aprender, si quería, sobre la tranquilidad de la vida en aquel pueblo.

Lalibella un pequeño pueblo, de unos 22.000 habitantes, que entre 2020 y finales de 2022 fue el epicentro de una de las guerras triviales más recientes en el norte del país. No voy a entrar aquí en detalles porque no soy experta, sólo sé que aún se respira en el ambiente una sensación de cautela, edificios destruidos, hoteles cerrados porque ya no hay turistas, tiendas fantasma y neveras vacías en supermercados y casas. «¡Si no hay turismo, no hace falta tener inventario!» me dijo el tendero de una tienda cuando fui a pedir leche tras seis intentos fallidos. El guía que contraté para mi excursión me dijo que está a punto de marcharse del pueblo a Addis, la capital del país o al Reino Unido, que muchos de sus amigos lo han hecho y que es mejor que quedarse.
Me concentré en mi experiencia y en las iglesias, en la belleza y majestuosidad de su existencia.
La entrada al complejo cuesta 50 USD, que se pagan en la oficina central. Te dan un recibo con la fecha de pago, válido durante 5 días y que te pueden pedir en cualquier momento de la visita.
Las iglesias suelen estar abiertas a los turistas entre las 8.00 y las 12.00 y después entre las 14.00 y las 17.00 horas. Pero como están abiertas puedes verlas a cualquier hora, aunque no se puede entrar sino en el horario descrito. A una de las iglesias no pude entrar porque el sacerdote que la custodia estaba en una reunión todo el día.
Me gustó esta experiencia porque me permitió conocer un pueblo tranquilo, dedicado a la divinidad de su Dios, un pueblo caminable, con unas vistas preciosas y muy auténtico. Podría ser como muchos lugares turísticos donde reinan los artificios de la mentira y el negocio, pero en cambio, encontré una comunidad centrada en sus oraciones, su culto y su trabajo. Sí, hay mendicidad y es importante ignorarla para no alimentar la pobreza y la falta de creatividad de la gente. Por lo demás, un lugar que merece mucho, mucho la pena visitar.
11 iglesias (en Amharic, el idioma oficial del país, “Bete” significa “House – Casa”)
- Church of St George / Bete Ghiorgis
- Church of the Saviour of the World / Bete Medhani Alem
- Church of Mary / Bete Mariam
- Church of the Cross / Bete Maskal
- Church of Virgins / Biete Denagel
- Church of Golgotha Mikael / Bete Golgotha Mikael
- Church of Emmanuel / Bete Amanue
- Church of St Mercoreus / Bete Qeddus Mercoreus
- Church of Abbot Libanos / Bete Abba Libanos
- Church of Gabriel Raphael / Bete Gabriel Raphael
- Church of Holy Bread / Bete Lehem












Las calles de Lalibella atesoran una versión hermosa y muy única de humanidad.
Encuentro fascinante la visita a lugares que me exigen mirar al otro con tanta urgencia. Mirarlo y aceptarlo. Mirarlo y darle valor. Mirarlo y comprenderlo. Mirarlo y encontrar su humanidad total.
Me parece fascinante llegar a lugares donde la «otredad» se mantiene firme frente a mis ojos de mujer joven y privilegiada que tiene todo cubierto y además se da el lujo de viajar el mundo.
La otredad en Lalibella no se pone hermosa para los turistas, no le interesa y no lo necesita. Las iglesias no son parque temáticos y entonces sos vos el que tiene que revisarse los pasos, observarse antes de preguntar, intentar questionar o hacer un juicio. A mí me encanta de mi vida en el este de África esto: que siempre me expone ante mí misma.
Lo que hizo Gebre Meskel Lalibella, ese rey que me resulta tan narcisita, fue dejarle claro al resto del mundo que Ethiopia, que África, tenía entonces la capacidad de crear arte. (Eso en el siglo XIII fue algo así como «¡Look at us, rest of the world!»)











Información práctica:
Lalibella es un pueblo pequeño que puede recorrerse en dos días. Planeé mi viaje para estar allí el domingo y poder participar en la solemne ceremonia de primera hora de la mañana.
La entrada a las iglesias cuesta 50 USD
Me alojé en un hotel muy sencillo B&B, donde podía cocinar mi propia comida. 30 USD (2 noches).
Verduras y frutas en el mercado local 8 USD
Guía 25 USD al día. Siempre prefiero viajar por mi cuenta, así que sólo necesité de sus servicios el sábado para visitar las iglesias y tener una perspectiva histórica.
Té y aperitivos en Ben Abeba (famoso restaurante) 10 USD – transporte incluido, yo caminé todo el tiempo, pero este restaurante, ya que tiene vistas, está un poco lejos del centro-.
La mayoría de los sitios pedían USD pero yo no los tenía, saqué Birr del cajero y me funcionó.
Es obligatorio llevar ropa cómoda. Hay que descalzarse a la entrada de cada templo y aunque no es obligatorio, para las mujeres es mejor cubrirse la cabeza y los hombros. Las personas del pueblo van siempre muy tapados y creo que ver mucha piel les incomodaría. Además, como Lalibella está a unos 2.600 metros sobre el nivel del mar, tampoco hace demasiado calor.
Volé de ida y vuelta a Addis Abeba, la capital del país. Lo preferí porque no tenía mucho tiempo y el viaje en transporte público me parecía largo e incómodo. Un consejo: comprar los vuelos internos una vez en Etiopía. Me ahorré más de 100 USD comprando el billete Addis – Lalibella en el aeropuerto. Desde mi destino, Uganda, costaba más de 250 USD.
El aeropuerto de Lalibella está a unos 25 km del centro de la ciudad, pero estoy segura que cualquier hotel con el que contactes para alojarte hará los traslados a partir de 150 birr.